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| Lucía Martínez Odriozola, periodista y profesora |
Lucía Martínez Odriozola (Bilbao, 1958) es periodista y profesora en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV/EHU, donde también es secretaría de la Comisión de Igualdad. Además, es vocal de Begira, una comisión, adscrita a Emakunde-Instituto Vasco de la Mujer, que se dedica al asesoramiento y análisis de la discriminación por sexo en los ámbitos de la publicidad y la comunicación. En su despacho, responde a cuestiones sobre el tratamiento informativo a la comunidad LGTBI+, reivindicando la profesionalidad del periodista, cuya obligación es «sumergirse en los temas que le quedan muy lejos».
No tarda demasiado en hacer un diagnóstico de la situación; Lucía Martínez afirma que el tratamiento periodístico que se le da a las informaciones relacionadas con los colectivos LGTBI+ «brilla por su ausencia». Solo reconoce que hay momentos en los que «el tema se pone muy de moda» y señala, como ejemplo, el mediático caso del autobús del grupo ultracatólico HazteOir, que circulaba por la ciudad de Madrid exhibiendo lemas transfobos como 'Los niños tienen pene', 'Las niñas tienen vulva', 'Que no te engañen', 'Si naces hombre, eres hombre' o 'Si eres mujer, seguirás siéndolo'.
Aunque sostiene que, en las redacciones, «el tratamiento que se hace no es de presencia continua, ni siquiera de profundización», no cree que las malas prácticas estén presentes por igual en todos los medios de comunicación españoles: «En determinadas comunidades, como en la Comunidad Autónoma Vasca, se están desarrollando unas políticas con infancia y transexualidad, yo creo, muy bien hechas».
No obstante, la periodista bilbaína mantiene que las diversas sexualidades no son una prioridad para los medios de comunicación y que «son más un exotismo, casi como espectáculo más que como información». Declara que, mientras sí se están analizando otras cuestiones informativas importantes, como la presencia de las mujeres o el tratamiento de la violencia de género, no se hace tanto con la comunidad LGTBI+. «Se trata, pero más bien de una manera frívola y anecdótica», dice, y ejemplifica con las imágenes que habitualmente se usan para representar a dichos colectivos en las grandes cabeceras de España: «muy sexualizadas, erotizadas».
Lucía Martínez observa una evolución. Según ella, hasta hace unos años, la concienciación periodística sobre el tratamiento adecuado a la diversidad sexual era inexistente: «La terminología que empleábamos era absolutamente imposible de utilizar hoy en día. Se utilizaban unos términos... Para la transexualidad –según la RAE, “dicho de una persona que se siente del sexo contrario” y que, “mediante tratamiento hormonal e intervención quirúrgica”, adquiere esos caracteres sexuales– se utilizaba “hermafrodita” –“que tiene testículos y ovarios, lo cual le da apariencia de reunir a ambos sexos”–. De ponerte los pelos de punta». La periodista afirma que las personas transexuales, desconsideradas por los medios, eran «gente que vivía una tristeza perpetua y que le duraba toda la vida, si es que conseguían vivir, abocados a mundos sórdidos».
«Y esto, ¿cuándo empieza a llegar a los medios de comunicación?», pregunta al aire. Explica que el germen fue la información sobre la homosexualidad y que, actualmente, ya hay prensa, con «una perspectiva que tiene que ver con el género y que no se usa para nada en los medios generalistas y hegemónicos», que comienza a hablar de sexualidades diversas. «No obstante», sentencia, «hay medios que todavía no han llegado al siglo XXI».
¿Dónde está la raíz del problema? Ella lo tiene claro: «Heteropatriarcado. No hay otra». Según la Fundación del Español Urgente, el heteropatriarcado es «el sistema sociopolítico en el que el género masculino y la heterosexualidad tienen supremacía sobre otros géneros y sobre otras orientaciones sexuales». También apunta otra razón: la ausencia de formación de los profesionales en los medios de comunicación, para los que los buenos tratamientos hacia personas homosexuales, transexuales, bisexuales, intersexuales, etcétera, son «arrabales» de sus intereses. «Pueden hacer un esfuerzo para formar a alguien en deportes», dice, «pero no lo van a hacer para que se forme», por ejemplo, «en género».
La profesora de periodismo cuenta que son pocos quienes dan un buen trato y que, los que lo dan, «casi siempre son medios que nacen del activismo, como puede ser Pikara», revista digital que fundó en 2010 y que, como se presenta en las redes sociales, apuesta por la información con «un enfoque feminista, crítico, transgresor y disfrutón». «Tiene que haber una especie de chispa que tenga algo que ver con lo personal para sumergirse en este mundo y aprender a hacer las cosas bien»; chispa que puede ser, por ejemplo, «tener el problema en casa, tener el problema cerca. De alguna forma, verse afectado para que surja el interés del profesional en formarse».
«Doble o triple»
El “techo de cristal” es un término metafórico que, según la psicóloga argentina, Mabel Burín, representa una «superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar» y de detectar porque «no existen leyes ni dispositivos sociales establecido ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación». Pues, bien, en opinión de Lucía Martínez, cuando añadimos a la ecuación a los colectivos LGTBI+, el “techo” se fortalece.
En estos casos, asegura, las personas, sean o no profesionales de la información, están ante la «doble o triple discriminación» y pone un ejemplo –«Si tenemos a una mujer trans, inmigrante, con la piel de otro color, tenemos una cantidad de elementos discriminatorios que hace casi imposible la igualdad de trato»– detrás de otro –«Es trans, es inmigrante, trabaja como puta, es negra...–. Suspira, mira al vacío y lamenta: «Qué peso».
La docente dispara la última lección, la que daría a un periodista desentendido: «Que fuera profesional y que considerara que la obligación de un buen profesional es enterarse de cómo funcionan las cosas, sumergirse en los temas que le quedan muy lejos».
